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El «Oro de Moscú»

El «Oro de Moscú»

El día 25 de octubre de 1936 partían de Cartagena, con destino final a la capital moscovita, cuatro buques soviéticos[1] con un cargamento muy especial: en sus bodegas viajaban 7.800 cajas, y cada una de ellas transportaba 65 kg de oro.

Hablamos de un total comprobado de 510.079.529,3 gramos de oro, cuyo propietario legítimo era el Banco de España, una entidad de derecho privado cuyo capital social -177 millones de pesetas- estaba distribuido en 354.000 acciones nominales de 500 pesetas cada una. Es preciso recordar que en 1936, la reserva oro del Banco de España era la cuarta del mundo, tras los Estados Unidos, Francia y Gran Bretaña. 

 

Se trataba, ciertamente, de una decisión arbitraria del gobierno de Largo Caballero, a la que, en justicia, deberíamos aplicarle también el calificativo de ilegal pues las reservas auríferas citadas no eran propiedad del Gobierno de la República, sino de una Sociedad Anónima por acciones llamada “Banco de España”. Y la afirmación no es gratuita. La ilegalidad de dicha actuación vino determinada por el incumplimiento de la ley que regulaba las relaciones entre el citado Banco de España y el Gobierno, y que impedía a este último, disponer de las reservas oro si no lo hacía “para ejercer una acción interventora en el cambio internacional y en la regularidad del mercado bancario”, operaciones previstas en el caso de tener que estabilizar el cambio de la peseta[2]. En este caso, el Banco de España estaría obligado a participar en la actuación con una cantidad idéntica a la establecida por el Tesoro Público[3].

Estas 510 toneladas de oro eran la mayor parte de las reservas españolas, superando ampliamente las 193 toneladas que el gobierno de Giral y el del propio Largo Caballero transfirieron a Francia en los meses anteriores y posteriores al envío que venimos tratando, de manera también poco clara. Si el oro hubiera sido fino, las 510,1 toneladas equivaldrían a 574 millones de dólares o a 1.593,85 millones de pesetas-oro (que se puede tomar como tope máximo de su valor, sin tener en cuenta el valor numismático). Suponiendo una aleación de 83,5 por ciento, las 510 toneladas equivaldrían a 425,9 toneladas de oro fino, cuyo valor serían unos 479 millones de dólares; pero la equivalencia debió ser próxima a los 517 millones de dólares[4], y eso si se toma como cierta la afirmación soviética de que se fundieron las monedas. Hay que tener en cuenta que 500 millones de dólares equivalían a 1.500 millones de marcos, 11.000 millones de liras (después de su devaluación en octubre de 1936), 14.000 millones de francos (igual caso que las liras) y 3.500 millones de rublos.

 

Según Krivitsky, el jefe de NKVD en la Europa de entonces, fue tal la cantidad de oro que, si se hubiese colocado en el suelo de la Plaza Roja de Moscú, la hubiera cubierto por completo, a pesar de que su superficie es superior a los setenta mil metros cuadrados.

Rusia no presentó nunca cuentas, aunque Stalin, voluntariamente, hizo levantar acta de las 510 toneladas y además presentó unos gastos de fundición y financieros excesivos. Se permitió a Rusia la libérrima utilización del tesoro, no presentando costes del armamento, cargando los gastos financieros que se le antojaron, no haciendo constar el valor numismático y artístico de los objetos, ni las divisas que el metal precioso generaba. Tampoco se hizo cuenta de los demás envíos y de las exportaciones. Además, la República cayó en una total dependencia política de la URSS.

 

El envío del oro a Cartagena

La toma de Talavera de la Reina por las Columnas nacionales, hecho que tuvo lugar el 3 de septiembre de 1936, provocó la caída del gobierno de José Giral, dando paso a otro presidido por el socialista Francisco Largo Caballero, quien nombró ministro de Hacienda a su correligionario, el doctor Juan Negrín. El día 13 de ese mes, el nuevo gobierno autorizaba al ministro de Hacienda mediante Decreto, para que en el momento que considerase más oportuno, iniciara el traslado de las existencias monetarias del Banco de España de Madrid al lugar que éste considerase seguro para su custodia. La caída de la capital en manos de los sublevados parecía cuestión de poco tiempo y el gobierno republicano no estaba dispuesto a dejarles un botín que bien podría servir para mantener la lucha adquiriendo armas y pertrechos en el extranjero.

Un día después de que el Decreto fuera rubricado por el Presidente Azaña, Negrín ordenaba el traslado del tesoro español a Cartagena, a un lugar realmente seguro: los túneles de la Base Naval de La Algameca, excavados en roca y que servían hasta entonces como polvorín.

 

¿Por qué la URSS?

Es quizá la pregunta más importante que cabría hacerse en este asunto. ¿Por qué el entonces ministro Negrín tomó la decisión de enviar este oro a la Unión Soviética?

Acabamos de ver que una de las prerrogativas del Decreto de 13 de septiembre era guardar el oro en un lugar seguro, evitando con ello su captura por los nacionales. A principios de septiembre, Stalin había tomado la decisión de intervenir en el conflicto español, enviando  a partir del día 26 de ese mismo mes, material terrestre y aéreo como ayuda a la República en la defensa de la entonces amenazada Madrid, capital republicana. Esto, quizás, fuera determinante para tomar la decisión. De la misma forma, la mayoría de las comisiones republicanas para adquirir armas en distintos países europeos y americanos estaban teniendo múltiples problemas para desarrollar su labor; el Acuerdo de No Intervención, propugnado por Inglaterra y aceptado por Francia en agosto, había cortado el suministro de material bélico que, procedente del país galo, había estado llegando desde el 21 de julio anterior.

Así, tras la decisión de Negrín, Stalin se encontró con que a principios de noviembre llegaban a Odessa los cuatro buques cargados con oro; la valiosa mercancía sería remitida inmediatamente a Moscú, donde se recibió de acuerdo a un protocolo, emitido el 5 de noviembre, en el que se nombraba la comisión receptora y se establecían los detalles de la operación. Entre los días 6 y 7 tuvo lugar la llegada y aceptación de las cajas que contenían el oro, de acuerdo con  una declaración verbal del embajador de la República, Marcelino Pascua, ya que las cajas no estaban numeradas ni se acompañaban facturas en las que figurasen cantidad o peso de la mercancía, evidenciando la premura y el desbarajuste con que se había efectuado el envío desde Cartagena.

 Frente a esta improvisación española hay que constatar la seriedad y escrupulosidad soviética en toda la operación de contabilización y organización del metal, que culminó con la firma de un nuevo protocolo, donde se recogía, por ejemplo, el estado de deterioro de un grupo de cajas, quedando todas ellas depositadas bajo guardia militar.

Tras la recepción y custodia de las cajas, el siguiente paso fue el recuento de una muestra de 156 cajas y la totalidad de las cajas dañadas, lo que habría de servir para redactar el acta de recepción preliminar, que tuvo lugar el 20 de noviembre. El largo y monótono recuento definitivo, que comenzaría el 5 de diciembre de 1936, se daba por finalizado un mes y medio más tarde, el 24 de enero de 1937, firmándose el acta de recepción definitiva el 5 de febrero. El depósito ascendía a 509.287,183 kilos de monedas y 792,346 kilogramos de oro en lingotes y recortes. Un total, pues, de 510.079,5 toneladas de oro aleado.

... la plata y otras minucias.

Además del asunto del oro, hemos de anotar que a partir de mayo de 1938, el Gobierno del Frente Popular vendió en Estados Unidos de América 1.225 toneladas de plata así como otras 522 en Francia. Y todo ello sin contar el tesoro del yate Vita (llevado a Méjico en 1939 con 105 millones de dólares) y los cuatro camiones con oro a enviados a Francia a comienzos de 1939, procedentes de tesoros no estatales.

Volviendo a las reservas oficiales, del oro depositado en Francia, el 46 por ciento se empleó en pago de un préstamo anterior a la guerra (del que eran garantía) y el 54 por ciento restante no lo consiguió recuperar la República, pero sí Franco en 1939, una vez terminada la guerra, en forma de 500 millones de pesetas-papel. Los once envíos «oficiales» de oro-aleación a Francia, desde julio de 1936 hasta abril de 1937 sucesivamente, alcanzaron un total de 2.990 cajas similares a las remitidas a la URSS. Según Prieto, el Partido Comunista francés administró fondos españoles por un valor de 2.500 millones de francos. Las divisas consumidas en gastos en Francia superaron el equivalente a las 178 toneladas de oro y es muy probable que llegasen a alcanzar las 252 toneladas.

De las 707 toneladas de oro-aleación pertenecientes al Banco de España, la República se gastó 704, quedando sólo tres en las arcas al final de la guerra.

 

¿Para qué se empleó el oro?

El quiz de la cuestión está, probablemente, en averiguar que ocurrió con todo ese oro puesto en manos del dictador soviético por las autoridades republicanas españolas. La respuesta no podría ser más obvia: los sucesivos gobiernos de la República lo emplearon, por un lado, para amortizar convenientemente las deudas de guerra que iban acumulando con el “amigo del proletariado”, a cuenta de los suministros militares que Stalin enviaba a España. Por otro, para pagar las compras de material de todo tipo efectuadas fuera de la URSS, que fueron también muy elevadas.

Las órdenes de venta del oro para generar divisas convertibles (dólares), emitidas sucesivamente por las autoridades frentepopulistas desde Valencia, fueron minorando, poco a poco, el depósito inicial, dándose el caso de que tras las primeras 15 órdenes, se había conseguido un montante cercano a los 375 millones de dólares, y la cantidad inicial de metal estaba ya a punto de agotarse.

Al final, el más beneficiado económicamente no resultó ser Stalin, ya que los pagos recibidos no llegaron siquiera a la mitad del montante obtenido con la venta del oro, demostrando de esta forma, la absoluta libertad con la que las autoridades republicanas disponían de sus propios fondos.

La U.R.S.S. alcanzó una posición de privilegio en la España republicana al monopolizar sus finanzas exteriores y la entrega de material militar, ejerciendo, sin lugar a dudas, una política partidista y discriminatoria en pro del Partido Comunista de España, sumisa organización política que llegó a alcanzar un estatus de preeminencia en la zona frentepopulista. Los esfuerzos de los consejeros soviéticos enviados por Stalin, habrían fracasado sin el sometimiento a sus directrices del PCE, que les proporcionaba la plataforma material interna necesaria para alcanzar sus planes, favorecidos, en cualquier caso, por el asunto del oro.

 

Conclusiones

El nacimiento del mito del “Oro de Moscú” no tuvo lugar durante el franquismo, como se ha afirmado en muchas ocasiones, sin base histórica alguna, sino en la propia España republicana. El Partido Comunista y sus medios fomentaron entre el pueblo, ignorante de la denominada “Operación X” y del empleo del oro para pagar el armamento enviado por Stalin, la especie de que la “ayuda soviética” era sin contraprestación alguna, donada por la “patria del proletariado” de manera gratuita y fraternal. Franco, digamos, permitió la pervivencia del mito después de recibir de Rómulo Negrín –hijo de Juan Negrín-, los documentos relacionados con los depósitos del oro en Moscú.

Avala esta tesis el hecho de que muchos de los dirigentes republicanos en el exilio consideraron al hijo de Negrín un auténtico traidor a la causa cuando entregó a Franco el “dossier”, pues en su ignorancia de la realidad suponían que serviría al general para rescatar un depósito que creían intacto y que nunca debería estar en manos de lo que ellos consideraban un gobierno ilegítimo e ilegal.

Pero como hemos visto, esto no fue así y la operación del oro fue entendida por ambas partes –la URSS y la República- como un negocio. Sería injusto si antes de finalizar no pusiera de relieve que el comportamiento del georgiano Josif Stalin, apoyo fundamental de la causa republicana en la Guerra de España y uno de los beneficiarios del oro del Banco de España, estuvo muy por encima de lo que se podía esperar de él, dada su posición de fuerza y los antecedentes y consecuentes del personaje.



[1] Se trataba de los buques “Kursk, “Neva”, “Kim” y “Volgoles”

[2] Ley de Ordenación Bancaria de 29-12-1921, refundida en enero de 1927 y modificada por Ley de 26-11-1931. Las reservas oro, como era corriente en esa época en la que estaba vigente el denominado “Patrón oro”, garantizaban la circulación en el mercado de 6.000 millones de pesetas-papel.

[3] Ley de Ordenación Bancaria (cit), Artículo 1º, base 7ª

[4] Según Jesús Salas Larrazábal, basándose en el estudio: “El Banco de España. 1931-1962, de Sardá y Schwartz.

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