Galland Books
Operación «Antropoide»

Operación «Antropoide»

Heydrich nació en  Halle del Saale (Sajonia) el 7 de marzo de 1904 en el seno de una familia  acomodada y muy relacionada con el mundo de la música. Su padre, Bruno Heydrich, era cantante de ópera y músico de talento, mientras que su madre Elisabeth, igualmente ligada al mundo de  la música, destacaba con el piano, actividad que compaginaba con  su ferviente catolicismo chocante, al menos, en una ciudad fuertemente protestante.  Reine, como así le llamaban familiarmente a Reinhard, desde muy pequeño manifestó ser  alumno aventajado tanto con el  piano como con el violín demostrando grandes dotes musicales. Durante la I Guerra Mundial formó parte del cuerpo de voluntarios de defensa civil dado que, por su corta edad, todavía no le correspondía ser llamado a filas. Una vez terminada la contienda formó parte de los freikorps -Cuerpos Libres-  organizaciones extremistas creadas por voluntarios que intentaban defender las fronteras del país y frenar el avance del bolchevismo en toda Alemania.

 

En 1922 y no sin disgusto de sus padres, que pensaban que su futuro estaba ligado a la música, el joven Heydrich decidió ingresar en la escuela de oficiales de la Armada. Prestó sus servicios en la base naval de Kiel, donde, sus cualidades organizativas e inteligencia no pasaron desapercibidas, tomando pronto contacto con los servicios de inteligencia de la marina bajo las órdenes de Wilhelm Canarias con el trabó, por aquel entonces, cierta amistad.

 

 

En mayo de 1931 y tras ser sometido a un juicio de honorabilidad, por un asunto en el que estaba implicada la hija de un importante contratista naval muy relacionado con el almirante en jefe de la marina Erich Raeder, se le expulsó de la Armada tras hallársele culpable de conducta impropia para un oficial. Su situación, desde ese mismo instante, pasó a ser algo más que angustiosa pues no sólo su destino como oficial de la marina se había truncado sino que pasaba directamente, al igual que millones de alemanes en esos momentos, a engrosar las filas del paro.

 

Ese mismo año se afilió al partido nazi (NSDAP) aunque no tanto por afinidad ideológica sino por buscar una salida a su situación, uniéndose, al poco, a la SS  donde ingresó directamente en el servicio de inteligencia del partido, el embrión del futuro SD. Allí comenzó su carrera vertiginosa al poder, en apenas dos años ostentaba ya el cargo de Brigadaführer (General de Brigada) de las SS, todo ello gracias a que Himmler supo ver en él la persona idónea para llevar a cabo sus propios planes, convirtiéndole  en su mano derecha. Tras la subida de Hitler al poder en 1933 y en su puesto de segundo de un  ambicioso Himmler, pasó a controlar primeramente, la seguridad policial en Münich para poco después seguir con la de toda Baviera y acabar como jefe de la Gestapo en Berlín, puesto éste, que le sirvió de trampolín definitivo para que en 1936 se le otorgara el mando de seguridad policial sobre todo el Reich. Éste periplo no había estado exento de dificultades, en el trayecto había tropezado con serios problemas que supo resolver con riesgo, decisión y falta de escrúpulos.

 

Ese fue el caso de la planificación y ejecución en 1934 de la famosa  Noche de los Cuchillos Largos junto a un Himmler ávido de poder, en la que se ejecutó a líderes al más alto nivel de las SA incluido su cabecilla Ernst Röhm  (padrino del hijo mayor de Heydrich) corriendo igual suerte otros individuos considerados peligrosos para la estabilidad - y a sus propios intereses - del nuevo régimen.

 

También salió airoso de las acusaciones que vertieron sobre él altos jerarcas de las SS con respecto a su supuesto origen judío, que propiciaron fuera estudiado minuciosamente su árbol genealógico, y que apunto estuvieron de acabar con su carrera. Aún así, las sospechas le persiguieron durante toda su vida, incluso el propio Canaris, (Jefe de la  Abwehr  en esos momentos) en su visita a Barcelona, hizo entrega de un informe meticuloso demostrando el origen judío  de Heydrich que sería utilizado  como su propio salvoconducto en caso de que su vida se viera amenazada por la maquinaciones de Heydrich.

 

El año 1939 le tenía deparado su nombramiento como Jefe de la Oficina Central de Seguridad del Reich (RSHA) lo que suponía, de facto, controlar toda la maquinaria policial del Estado en todas sus vertientes, es decir: la Policía Criminal, la Gestapo y el SD.

 

Desde el mismo momento que entró a formar parte del Servicio de Inteligencia del partido había demostrado su capacidad organizativa, liderato, eficiencia y al mismo tiempo una frialdad inusitada a la hora de tomar decisiones por tremendas que  estas fueran (el propio Hitler llegó a decir de él que tenía el corazón de piedra). Lo que en su momento había servido para medrar dentro del partido y  escalar posiciones, ahora, desde su nuevo cargo, suponía tener un poder casi absoluto sobre todos y cada uno de los súbditos alemanes fueran o no enemigos del Reich. Esto incluía, obviamente, a todos los altos Jerarcas  nazis que poco a poco iban sintiendo el “aliento” de Heydrich en sus propias nucas. Fueron muchas las veces que recurrió al chantaje, la extorsión, la manipulación o simplemente a la mentira en su propio beneficio, granjeándose  grandes y poderosos enemigos, incluso, dentro del propio partido y de las temidas SS.

 

Fue el encargado  planificar la Kristallnacht (noche de los cristales rotos) en 1938 así como de crear el “incidente de la emisora de Gleiwitz” el 31 de agosto de 1939, por el cual se hizo creer a la población, que los polacos habían atacado una emisora de radio alemana, pretexto que sirvió como cuartada para la invasión de Polonia el 1 de septiembre y, con ello, el comienzo de lo que sería la Segunda Guerra Mundial.

 

Heydrich, que también sustentaba la jefatura de la Sección Judía del Servicio de Seguridad creó la Oficina Central del Reich para la emigración Judía en Berlín cuya misión consistía en  presionar a esa comunidad para que emigrara fuera de las fronteras del Reich. De pronto se encontraba que no sólo no había conseguido cumplir su objetivo dentro de la propia Alemania, sino que, debido al rápido avance y conquista de nuevos territorios por las tropas alemanas,  gran cantidad de población de ésta comunidad pasaba a quedar nuevamente dentro de las fronteras, con lo que tendría que buscar nuevas “soluciones” a éste “problema”.

 

Su afición por el deporte, el riesgo y la aventura así como su pasión por volar le llevó a desobedecer órdenes del propio Himmler  y participar, personalmente, en acciones de guerra como piloto  durante las campañas de Noruega y  Rusia cayendo derribado en esta última tras las líneas enemigas, de las cuales, consiguió finalmente zafarse. Pero su futuro como piloto quedó sentenciado desde ese mismo instante tras recibir órdenes terminantes de Hitler de no volver a volar. Como era obvio no se podía poner en riesgo a la persona sobre la que recaía la mayor parte de la seguridad del Reich.

 

Mientras tanto Checoslovaquia había dejado de existir como nación el 15 de marzo de 1939 si bien, su destino, ya había sido sentenciado cuando fueron anexionados los Sudetes (regiones de Bohemia y Moravia) a la Alemania nazi tras los acuerdos de Munich en octubre de 1938. Dichas anexiones quedaron bajo la supervisión del Reichsprotektor Konstantin von Neurath aunque se permitió la figura del Jefe de Estado Checo en la persona de Emil Hacha pero a título puramente decorativo.

 

Una vez comenzada la Guerra, los Sudetes se vieron inmersos de lleno  en aunar fuerzas  para alimentar la gigantesca maquinaria bélica tan necesaria en esos momentos y, sobre todo, tras el inicio de las hostilidades contra la Unión Soviética en junio de 1941. Éste esfuerzo se vio peligrar debido a revueltas, huelgas, sabotajes e insumisiones que Konstantin von Neurath no supo atajar, consiguiendo que la resistencia a la presencia alemana cada vez fuera más fuerte. Desde Berlín se entendió como una debilidad del propio Reichsprotektor y fue aprovechado por Himmler, que era ya más que consciente de que Heydrich se había convertido en  su rival directo (por aquel entonces ya se rumoreaba entre los altos cargos del partido y sobre todo en las SS que “el cerebro de Himmler tenía nombre y éste era Heydrich”) aprovechó para deshacerse de él medrando para que fuera enviado a “poner orden” en los Sudetes.

 

Además de seguir ostentando todos los cargos que había acumulado hasta la fecha, el 29 de septiembre de 1941, Heydrich atesoró uno nuevo en Praga siendo nombrado protector adjunto de Bohemia y Moravia. En la práctica resultó ser el protector en funciones puesto que rápidamente se hizo con el control de todos y cada uno de los asuntos importantes que competían a la figura del Reichsprotektor desplazando totalmente a Neurath que, aún habiendo  solicitando su dimisión, no había sido aceptada.

 

Las primeras medidas no se hicieron esperar. Sus métodos represivos y coactivos contra la población en general y contra políticos, intelectuales y miembros de la resistencia en particular,  empezaron a dar sus frutos; hubo detenciones y ejecuciones sumarísimas consiguiendo descabezar todo atisbo de resistencia en un tiempo record, ello le valió el apodo de el “carnicero de Praga”. Sin embargo y también desde un principio se supo ganar a los obreros con medidas  consistentes en reducir el tiempo de trabajo, aumento de salarios, introducción de la seguridad social y descansos, todas ellas muy populares y benefactoras a la clase trabajadora Checa, lo que repercutió en una mayor productividad y un acercamiento a la nueva autoridad. El principio era simple y funcionaba “palo y zanahoria”.

 

Mientras tanto el gobierno checo en el exilio presidido por Edgard Benes es presionado por el propio Winston Churchill, que consideraba la situación como de sumisión del pueblo checo frente al ocupante. Esto era inaceptable desde  el punto de vista estratégico-militar pues, desde los Sudestes, como ya hemos apuntado, se contribuía de forma considerable al esfuerzo bélico lo que iba en claro perjuicio de los aliados.

 

Se trazó un plan que debería desestabilizar el régimen nazi en el protectorado y se llevaría a cabo por miembros de la resistencia checa en el exilio. Su adiestramiento y preparación correría a cargo del SOE (Ejecutivo Británico de Operaciones Especiales). La víctima elegida fue Reinhard Heydrich y la operación recibió el nombre de Antropoide.

 

La estrategia de la misión tenía dos objetivos básicos que cumplir, por un lado hacer ver al mundo que la resistencia checa no había desaparecido y por otro, mucho más cuestionable, provocar el resurgimiento de la resistencia a base de encender los ánimos en una población considerada adormecida, que sin duda despertaría de su letargo como consecuencia de la más que probable, represión brutal que sobrevendría en respuesta al atentado.

 

Tras intensas semanas de entrenamiento el operativo comenzó el 28 de diciembre de 1941 lanzando en paracaídas a los comandos cerca de Praga. Lo primero era contactar con otros miembros de la resistencia para comenzar a planificar in situ el modus operanti a llevar a cabo.

 

Se elige el 27 de mayo de 1942 como fecha de ejecución del plan tras estudiar minuciosamente conductas y costumbres en el día a día de la víctima. Para sorpresa de propios y extraños Heydrich no es nada cuidadoso con su seguridad y su protección deja mucho que desear. Todo ello facilitará, y mucho,  que se pueda cumplir el objetivo.

Tres hombres se apostarán en las inmediaciones de la curva cerrada que hacía intersección entre las calles V. Holesovickach y Zenklova a las afueras de Praga ésto obligará al Mercedes en el que viaja todos los días Heydrich a reducir la velocidad momento que se aprovecharía para asesinarle. El teniente Josef Valcik  sería el más alejado y su misión es hacer señales con un espejo cuando el coche se aproxime con el fin de avisar  a sus compañeros. Los suboficiales Gabcik con su subfusil Stein y Kubis con una granada antitanque modificada para ser utilizada a modo de granada de mano, esperarán en la curva uno muy cerca del otro.

Ese día, inusualmente para su costumbre, Heydrich salió más tarde de lo previsto de su residencia de Jungfern-Breschau situada a unos 25 Km de su destino, el distrito de Hradschin, en cuyo castillo tiene su centro de operaciones.  El retraso, de algo más de una hora, está apunto de echar por tierra toda la operación dado que empiezan a sospechar que la trama ha sido descubierta, sin embargo, y con los nervios a flor de piel permanecen en sus puestos. Por fin, la señal de Josef Valcik se hace visible, pronto el automóvil aparece ante sus ojos, tal y como se le esperaba con la capota bajada y como único escolta su propio chofer Johannes Klein que, casualmente, no era el de costumbre. Ha llegado el momento de actuar.

Al reducir la velocidad un nervioso Gabcik aprovecha para sacar su subfusil Stein oculto en su gabardina, apunta y aprieta el gatillo pero del cañón no sale un solo disparo; el arma se ha encasquillado. Heydrich se da cuenta de la acción y rápidamente desenfunda su Luger para repeler la agresión mientras el conductor frena el vehículo para poder ayudar a su superior en la caza del agresor, error fatal, ahora son un blanco perfecto para el sargento Kubis que lanza su granada haciendo explosión en el lateral derecho del coche, muy cerca de la rueda trasera, alcanzando parte de la metralla a Heydrich que, aún mal herido, se apea del coche y dispara contra su agresor  pero, para suerte de Kubis, ningún proyectil llega a su objetivo huyendo del lugar en una bicicleta que tenía preparada para tal fin. Al poco Heydrich caerá desplomado, aunque consciente, como consecuencia de sus heridas. Mientras tanto su conductor Klein  persigue a  pie a Gabcik pero éste consigue sorprenderle y alcanzarle con un disparo certero que le deja mal herido.

Heydrich  fue trasladado de inmediato al hospital cercano de Bulovka donde se negó a ser atendido por médicos que no fueran alemanes y de su absoluta confianza. Tras un primer diagnóstico se llegó a la conclusión de que las heridas  aún siendo graves no eran mortales como en principio se temía. Himmler se presentó en Praga con su séquito de médicos para que de inmediato se hicieran cargo del herido.

A los pocos días su estado de salud, sorpresivamente  empeoró,  falleciendo el día 4 de junio. La causa oficial de su muerte una septicemia, posiblemente producida por los restos de crin de caballo que había en la metralla provenientes del asiento del  mercedes.

Entrando en el terreno especulativo y una vez terminada la guerra se barajó la posibilidad de que fuera el propio equipo médico bajo supervisión directa de Himmler quien propició esa muerte por acción u omisión,  pues a esas alturas Heydrich ya resultaba peligro incluso para él.

 

En Praga se le brindaron  exequias como si de un Jefe de Estado se tratara, incluso se convocó una manifestación en protestas por el atentado que desbordó todas las previsiones alcanzando a  reunir  cerca de millón y medio de personas. Después, sus restos fueron trasladados en tren hacia Berlín donde su cuerpo fue custodiado por una guardia de honor en la Cancillería del Reich. La conducción del cadáver al cementerio se realizó bajo la marcha fúnebre de Sigfrido de Richard Wagner. Pero la aparente tristeza oficial no era compartida ni mucho menos por todos. Muchos altos dirigentes nazis hacían suyas las palabras expresadas por el General de las SS Sepp Dietrich “¡Gracias a Dios que alguien ha reventado a ese cerdo!”.

 

Cuando examinaron sus documentos se descubrió que incluso tenían su propia ficha Himmler y el propio Hitler. Entre sus colaboradores más íntimos había llegado a manifestar que cuando el viejo (Hitler) se "columpiase" él sería el encargado de retirarlo de la circulación.

 

 

Nada más producirse el atentado se proclamó el estado de excepción, fuerzas policiales, de las SS y del ejército comenzaron un rastreo exhaustivo casa por casa que no daría los resultados esperados. A la población se la informó de que todo aquel que prestara ayuda u ocultara a los asesinos serían ejecutados de inmediato  junto a toda su familia, así mismo se ofrecía una jugosa recompensa  para quien delatara o ayudara a  capturar a los culpables. Mientras tanto las redadas y detenciones masivas no se hicieron esperar.

 

El 10 de junio y tras indicios que apuntaban que los ejecutores del atentado habían encontrado cobertura en un pequeño pueblo llamado Lídice, muy cercano a Praga, dio pie a uno de los episodios más crueles en venganza por el asesinato. El pueblo con apenas quinientos habitantes debía ser borrado de la faz de la tierra, todos los varones mayores de 16 años, -cerca de doscientos-,  fueron ejecutados allí mismo;  las mujeres conducidas a los campos de concentración de Ravensbrük y Theresienstadt, corriendo igual suerte los  niños que no fueran aptos para una arianización. El primer día de julio el pueblo era volado con explosivos quedando completamente destruido sin que ni siquiera los cimientos quedaran en pie. Ahora sólo había un páramo en su lugar. Lídice había dejado de existir.

 

El día 16 de junio ocurrió algo que no estaba ni mucho menos en el guión ; Kart Curda, miembro de la resistencia y al tanto de toda la operación, se presentó para el cobro de la recompensa  y delató a sus compañeros. Las pistas condujeron  apenas dos días después a la catedral de los santos Cirilo y Metodio situada en la calle Resslova de Praga donde permanecían ocultos junto a otros cuatro miembros de la resistencia.

El templo fue rodeado por cerca de ochocientos efectivos que de inmediato intentaron su asalto produciendo tres bajas entre los refugiados (dos se suicidaron con cianuro y Kubis murió desangrado por las heridas recibidas), pero los otros cuatros consiguieron refugiarse en la cripta lugar harto complicado de penetrar. Tras varios intentos infructuosos se llevó un camión de bomberos al lugar, para que con sus mangueras,  bombearan agua del cercano río  Molvada  a la cripta, aprovechando el hueco de una ventanilla que daba a la calle. Simultáneamente se procedió a la voladura de la losa que impedía el paso a la escalera del sótano; una vez despejada la entrada se intentó bajar pero dado que la acceso era muy estrecho cualquier acción llevada acabo en ese sentido era poco menos que suicida, de hecho, costó la vida a varios miembros de las SS que lo intentaron. Las escaramuzas y tiroteos no consiguieron reducir a los emboscados pero si lo hizo la falta de munición que les llevó a reservar sus últimas balas para ellos mismos tras seis horas de duro asedio.

 

Como si de un  “dios” se tratase  Heydrich había obtenido su particular ofrenda de sangre, cerca de mil quinientas personas murieron como consecuencia directas de las represalias. Winston Churchill, había cumplido su doble objetivo.

Reinhart Heydrich, “la bestia rubia” había dejado de existir a los treinta y ocho años.

All comments

Leave a Reply