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El general moro de Franco

El general moro de Franco

En la Orden General del Ejército de  España en África de 28 de julio de 1925, publicada en Melilla tres días más tarde se podía leer: “Por la operación del 7 de marzo del año anterior se cita como distinguido no sólo por su ya legendario valor sino por su pericia y extraordinarias dotes de mando que le permiten obtener el rendimiento máximo con las menores pérdidas. (...), siendo digna de mención su actuación en este combate en el momento en que el enemigo intenta impedir el paso del convoy. Este capitán con su compañía y elementos de la vanguardia carga contra él, llegando al cuerpo a cuerpo, desalojándole de sus posiciones...”

El destinatario de estos elogios era un magnífico oficial de la Infantería española, de nombre Mohamed Ben Mizzian Bel Kasem, hijo de un importante jefe moro de una de las pocas cabilas que fueron fieles a España en 1909, en el transcurso de la campaña de Melilla: Mizzian el Bueno.

El joven Mohamed, que había nacido en Maruza el 1 de febrero de 1897, por expreso deseo de su padre y de acuerdo con las autoridades españolas y el propio monarca Alfonso XIII, ingresó en la Academia de Infantería de Toledo el 31 de agosto de 1913, donde fue filiado, haciendo constar -delante de testigos- que la religión que profesaba era la mahometana, comenzando el curso con los demás alumnos.

Ese mismo año, siendo cadete de 1º curso, obtuvo la primera de la que, en el transcurso de su vida militar, sería una larguísima lista de condecoraciones: la Cruz de 1ª Clase al Mérito Militar con distintivo rojo por su comportamiento en diferentes combates en los que había participó en el territorio de Melilla, siendo aún paisano, a las órdenes de su padre.

En junio de 1916, tras pasar tres años de su vida en un lugar eminentemente castrense, aunque con ciertas reminiscencias árabes: el Alcázar de Toledo –entonces Academia de Infantería-, el joven Ben Mizzian ascendió a segundo teniente, pasando destinado al Regimiento de Infantería de Ceriñola nº 42, de guarnición en Melilla. Dos años después obtuvo su ascenso –por antigüedad- a primer teniente, permaneciendo en la zona de Melilla en constante y permanente situación de destacado en el territorio, con unidades de primera línea, bien protegiendo convoyes, bien enfrentándose a “partidas de malhechores”, como reza en su hoja de servicios –que no eran sino grupos de moros enemigos que hostilizaban sin descanso a las fuerzas españolas-; o bien ayudando a la construcción de blocaos o posiciones defensivas en las zonas más conflictivas.

El desastre de Annual

Como para muchos españoles, 1921 quedó marcado en la memoria de Mohamed Ben Mizzian como un año aciago. En una de las fallidas operaciones de socorro a la sitiada posición española de Igueriben, el primer teniente Mizzian cayó herido por arma de fuego y tuvo que ser evacuado, primero a Annual y luego, a tenor de sus heridas, al Hospital de Melilla. Se trataba de dos impactos de bala, uno en la cara –que le produjo la fractura del maxilar- y otro en la clavícula izquierda, por lo que estuvo hospitalizado hasta primeros del mes de septiembre.

En marzo de 1923 pasaría destinado al Grupo de Fuerzas Regulares Indígenas de Alhucemas nº 5 y en julio de ese mismo año alcanzaría el empleo de capitán. Un año más tarde, Mohamed Ben Mizzian pidió el permiso reglamentario en el Ejército en aquellos años, para contraer matrimonio por el rito musulmán, con la que, a partir de febrero de 1926, sería su esposa Dª Fadela Amor Cabbaza.

Participó con su Grupo, ya con el empleo de comandante –obtenido éste por méritos de guerra- en el famoso Desembarco de Alhucemas y en las operaciones posteriores; el día 28 de marzo de 1926, las tropas de Mizzian ocuparon la casa de Abd-El-Krim, cabecilla rifeño, donde se incautó de numerosa documentación y una bandera de la autodenominada “República de Rif”.

 

Los vaticinios del primer teniente Ben Mizzian

En 1922, la Librería Renacimiento, de Madrid, publicaba un interesantísimo libro, escrito un año antes, -in situ- por el periodista Juan Guixé, el cual llevaba por título “El Rif en sombras. Lo que yo he visto en Melilla”. En este volumen se recogen, entre otras, unas interesantísimas declaraciones de Mizzian “El Bueno”, jefe de la cabila de Maruza y padre de nuestro protagonista y otras del propio Mohamed Ben Mizzian, entonces primer teniente de Infantería destinado en la zona oriental del Protectorado.

Dice Guixé: “...El autor ha tenido el gusto de departir con él (Ben Mizzian) largamente. Es un joven de unos veinticinco años, de aventajada estatura y anchas espaldas, ojos negros, inteligentes y ensoñadores... Al hablar, su acento es castellano. Diríase que hay un sedimento de amargura suave en el joven Mohamed, y esta es la de su origen. Mohamed Ben el Mizzian, que piensa en español y habla castellano, parece como si estuviera bajo la preocupación de su pasado. (...) Oyéndole se plantea uno el problema etnológico que ha hecho pensar tanto a  los antropólogos y a los filósofos de la historia, y lo resuelve uno por una sencilla reflexión acerca de la adaptación al medio ambiente en que se educa a los individuos. Mohamed Ben el Mizzian mismo me ha dicho:

Yo, en 1909, era un morito de esos que ve usted en las cabilas, y que jugaba ahí en el campo de Mazuza. Mi familia quería que yo fuese santón, y con eso me hacían dar unos tremendos atracones de lectura del Korán. A estas horas, de no haber cambiado las cosas, yo sería un santón en vez de un oficial del Ejército español. Yo creo que con el tiempo los moros se adaptarán a la civilización europea, y si no los actuales, los hijos y los nietos de ellos. Aquí me tiene usted a mí. A las generaciones que han nacido bajo la acción española, les pasará lo mismo: que se emanciparán de su fanatismo y mirarán con terror las negruras del pasado. El pueblo rifeño es ignorante, y de esa ignorancia le vienen sus males. Es ignorante hasta un grado que no puede usted suponer. Esa ignorancia le incapacita para comprender el progreso que significa la civilización. Viven como bárbaros y de ahí arranca ese violento contraste que tanto choca y asombra, entre la vida del rifeño y del europeo.”

Unos interesantísimos vaticinios de un moro educado en el estudio profundo del Corán, pero volcado en cuerpo y alma con la causa de España en su terruño, el Rif; la causa de la civilización occidental en una zona llena de fanáticos y bárbaros -según sus propias palabras-, y ejemplo evidente de lo que puede hacer la educación sobre los individuos.

El final del Directorio Militar, la República y la Guerra Civil

Tras la pacificación del Protectorado marroquí, el comandante Mizzian siguió desempeñando sus funciones al mando de unidades de Regulares, cambiando permanentemente de ubicación y realizando misiones de entrenamiento, protección y disuasión hasta que en enero de 1929, en virtud de lo dispuesto por la superioridad, fue destinado como ayudante de campo del general D. Sebastián Pozas Perea, Jefe de la Circunscripción del Rif.

En septiembre de 1933, fue destinado para mandar el 2º Tabor del Grupo de Fuerzas Regulares Indígenas “Alhucemas” nº 5, unidad con la que participó entre el 5 y el 13 de julio en las maniobras generales de Llano Amarillo, antesala de la Guerra Civil, regresando a su acuartelamiento de Segangan una vez finalizadas las mismas. Allí se encontraba el día 17, fecha de la sublevación en el Protectorado, a la que se sumó con su Tábor, desplegándose en dirección a Melilla y tomando, tras un fuerte tiroteo, la base de hidros de Atalayón, donde se había hecho fuerte el capitán Leret, jefe de la misma.

El comandante Mizzian y su unidad pasaron el Estrecho en avión a mediados de agosto, desembarcando en Jerez, trasladándose acto seguido a Sevilla y participando en la rendición de numerosos pueblos de la provincia. Participó, a las órdenes del teniente coronel Rios Capapé, en la toma de Talavera de la Reina el 3 de septiembre, y de los Puentes del Alberche (donde su Tábor fue acreedor de la Medalla Militar colectiva y él de la individual), así como de Maqueda, Torrijos, Escalona, Villa del Prado, Aldea del Fresno, Valmojado, y Navalcarnero, llegando a la Casa de Campo, en los arrabales de Madrid, a primeros de noviembre. Tras pasar el Manzanares y tomar la Fundación del Amo, fue herido grave, pasando evacuado al Hospital Militar emplazado en Valmojado.

El 1 de diciembre Mohamed Ben Mizzian ascendía por antiguedad al empleo de teniente coronel y en enero de 1937 se le confiaba el mando del Grupo de Fuerzas Regulares Indígenas de Ceuta nº 3, saliendo del hospital totalmente reestablecido de sus heridas el 7 de febrero. En marzo era destinado a mandar una Agrupación ofensiva en el sector de Arganosa (Asturias), formada por tres tábores de Regulares, dos batallones de Infantería, dos baterías de Artillería y una compañía de Ingenieros y pocos días después pasaba a Oviedo, tomando el mando del sector del Naranco.

Tras la finalización de la campaña en el Norte, en noviembre de 1937, a Ben Mizzian se le confiaba el mando de una Brigada compuesta por una Plana Mayor, dos tábores de Regulares de Ceuta nº 3 (3º y 4º), dos tábores de la Mehal-la de Gomara (3º y 4º) y dos batallones del Regimiento de Infantería Mérida 35 (2º y 7º). Dicha brigada, encuadrada en la 83 División del Cuerpo de Ejército de Galicia, fue enviada a la zona de Almudevar (Aragón), donde tomaría parte en las operaciones sobre Teruel, y después en el avance del Cuerpo de Ejército de Galicia hacia el mar, participando muy activamente en la toma de Castellón de la Plana y los distintos pueblos de la provincia.

Tras la ofensiva republicana en el Ebro, Mizzian fue nombrado jefe de la 1ª División de Navarra, perteneciente al Cuerpo de Ejército del Maestrazgo, con la que tomó parte en la durísima Batalla del Ebro. Uno de sus éxitos más importantes fue la toma de la Sierra de Caballs, acción por la que sería felicitado por el jefe del Cuerpo de Ejército, participando también en las operaciones sobre Fatarella, Ascó y Flix, y siendo condecorado, junto con toda su División, con la Medalla Militar colectiva.

El 23 de noviembre Mohamed Ben Mizzian ascendía a coronel por méritos de guerra y a continuación, la División que mandaba tomaba parte en la ofensiva final sobre Cataluña, desfilando en Barcelona al frente de la misma, el 22 de febrero. Finalizada la campaña de Cataluña, Mizzian y su División fueron asignados al Ejército del Centro, y operaron en la zona de Toledo y Ciudad Real en la fase final de la guerra.

La Postguerra

Recién finalizada la Guerra Civil, el coronel Mizzian era designado para mandar la 93 División, con sede en Xauen (Marruecos) y un año más tarde, a la 92 División, de guarnición en el territorio de Larache. En julio de 1941, ascendía a general de Brigada y cuatro años más tarde, a general de División, manteniéndose hasta 1950 como jefe de la 92 División y comandante Militar de Larache. En ese año fue nombrado Comandante General de Ceuta.

Un hecho realmente transcendente, política y diplomáticamente hablando, fue la gira que, en 1952, realizó Mizzian como “Embajador de Régimen de Franco” por los distintos países árabes, en los que sería recibido con todos los honores y condecorado por distintos gobiernos de próximo y medio Oriente. Líbano, Jordania, Irak, Arabia Saudí, Siria y Egipto serían las escalas de su viaje.

En virtud a un Decreto de 26 de junio de 1953, Mohamed Ben Mizzian Bel Kassem era promovido al máximo empleo de la carrera militar española: teniente general, siendo nombrado por el Jefe del Estado, Capitán General de la 8ª Región Militar (Galicia), puesto en el que permanecería dos años. En junio de 1955 se le designó Capitán General de Canarias y poco más de un año después cesaba en su cometido, permaneciendo “a las órdenes del Ministro del Ejército”. Por Decreto-Ley de 22 de marzo de 1957 causaba baja en el Ejército español a petición propia, y marchaba a Marruecos para convertirse en el primer Ministro de Defensa del país alauí tras su independencia.

Allí, a las órdenes del soberano marroquí Mohamed V, compartió el cargo con el general Ahmed Ufkir, procedente del Ejército francés, aunque la preeminencia de éste haría que, unos años después, Mizzian fuera enviado a Madrid como embajador del reino de Marruecos, cargo en el que permaneció hasta finales de los años sesenta.

Retirado ya de la vida pública, el viejo bereber, amante de España como pocos, y formado en la disciplina y en la guerra, vino a morir a Madrid. Hace ahora 30 años, el 1 de mayo de 1975, dejaba de latir el corazón del primer y único teniente general moro del Ejército español: Mohamed Ben Mizzian Bel Kasem. Sólo seis meses más tarde, haría lo propio el de su jefe y amigo: Francisco Franco.

Anexo: Condecoraciones de Mohamed Ben Mizzian Bel Kasem

-Nueve Cruces de 1ª Clase del Mérito Militar con distintivo rojo

-Medalla Militar de Marruecos con pasador de Melilla (1919)

-Medalla de Sufrimientos por la Patria (1923)

-Distintivo de Policía Indígena con una barra de oro y otra roja (1924)

-Pasador de Tetuán sobre la Medalla Militar de Marruecos (1925)

-Medalla del Homenaje a SS.MM. (1926)

-Aspa roja de herido en la Medalla Militar de Marruecos (1926)

-Tres barras rojas sobre el distintivo de Regulares (1927)

-Medalla de la Paz de Marruecos (1928)

-Cruz de la Real y Militar Orden de San Hermenegildo (1929)

-Tres Medallas Militares colectivas (Grupo Regulares “Alhucemas 5”, 1930. Toma de los puentes del Alberche, 1936. Liberación de Toledo, 1941)

-Medalla Militar Individual (Toma de los puentes del Alberche) (1936)

-Comendador de la Orden de la Mehdanía (1936)

-Laureada de San Fernando colectiva (Ciudad Universitaria) (1938)

-Placa de San Hermenegildo (1941)

-Cruz al Mérito italiana (1941)

-Gran Cruz de San Hermenegildo (1944)

(Entre paréntesis: fechas de concesión)

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